Detrás del éxito no solo hay una producción sólida: hay una historia profundamente humana que toca un tema que hoy tiene nombre: violencia vicaria.
La serie Nadie nos vio partir, basada en la novela de Tamara Trottner, sorprendió en su estreno al escalar al Top 10 global de Netflix y posicionarse como tendencia en decenas de países.
Se trata de una producción de Alebrije Cine y Video con Península Films & Entertainment. En la dirección participan Lucía Puenzo, Nicolás Puenzo y Samuel Kishi. El guion es de María Camila Arias y Big Drama.
Detrás del éxito no solo hay una producción sólida: hay una historia profundamente humana que toca un tema que hoy tiene nombre —violencia vicaria—, pero que en la época en la que se desarrolla la trama aún no se nombraba. Esa ausencia de lenguaje, fue precisamente lo que hizo que tantas audiencias se reconocieran en la narrativa.
“Yo pensé que estaba escribiendo una novela personal, una historia mía”, recuerda Trottner. “Que a la novela le fuera muy bien fue satisfactorio, pero de pronto ver esta historia en 190 países… ha sido increíble, a veces abrumador, porque entiendes la responsabilidad de poner en boca de millones de personas esta verdad”.
La violencia vicaria antes de que existiera la palabra
Nadie nos vio partir retrata el secuestro de dos niños por parte de su propio padre, un episodio inspirado en la experiencia familiar de Trottner. Aunque la historia se ubica décadas atrás, el núcleo narrativo resuena con la actualidad: la instrumentalización de los hijos para herir al otro progenitor.
“Lo que sí creo que es bien importante poner sobre la mesa es que a los niños no se les usa como moneda de cambio. A los niños no se les usa para castigar al otro. Eso nunca se vale” enfatiza la autora.
Ese quiebre emocional, la fractura entre dos verdades adultas y la mirada de los menores en medio del conflicto, es lo que ha permitido que la serie conecte con públicos de culturas e idiomas distintos. Trottner insiste en que la historia no busca justificar, sino comprender: “Tenemos que entender los motivos de cada uno. Mi papá tenía sus razones verdaderas y mi mamá también”.
Un conflicto íntimo llevado a la pantalla
La adaptación audiovisual expone una dinámica familiar que estalló en un secuestro —una situación que en los años 60 y 70 se clasificaba jurídicamente como “sustracción de menores” y que hoy se reconoce como violencia vicaria. La narrativa profundiza en cómo un conflicto marital escala hasta convertirse en una guerra abierta, en la que ambos bandos movilizan recursos, influencias y silencios para retener o recuperar a los niños.
La serie también retrata las redes comunitarias que habilitaron esa confrontación. Trottner explica que su precuela reciente, Pronunciaré sus nombres, explora justamente el origen de estas tensiones: “Es la historia de los abuelos, importante para entender esta comunidad que llega a México y por qué se hace esta guerra campal cuando lo lógico hubiera sido un divorcio normal”.
La literatura como origen y brújula
Aunque la serie ha sido celebrada globalmente, Trottner insiste en que su trabajo nació desde un lugar distinto al audiovisual.
“Escribe tu historia desde las vísceras, desnudándote, dando todo lo que eres”, aconseja a nuevos autores. “Los escritores que piensan en escribir para plataformas se les nota… y no funciona. Esta historia fue escrita para ser leída. Lo lindo de estas series es que buscan la literatura para luego convertirla en lenguaje audiovisual”.
El fenómeno cultural que hoy rodea a Nadie nos vio partir revitaliza el interés por su novela y también abre la conversación sobre una forma de violencia que sigue presente. La obra de Trottner recuerda que, antes de conceptos legales o hashtags, hubo historias reales, silencios complejos y niños atrapados entre verdades adultas.
La literatura, dice ella, fue el primer lugar donde esta herida pudo nombrarse. La televisión, ahora, la amplificó al mundo.