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La basura espacial de la industria satelital está lejos de ser sostenible

Basura satelital

¿La basura espacial se puede considerar contaminación terrestre? La respuesta es sí. Aunque pocas veces las personas, los gobiernos o los activistas ambientales lo mencionan, las órbitas terrestres se consideran parte del planeta debido a que están dentro del ámbito gravitacional de este hermoso punto azul. Esto se decretó en el Tratado del Espacio Ultraterrestre, firmado en la Organización de Naciones Unidas por 104 países en 1967.

Desde el lanzamiento del primer satélite en 1957, no ha cesado el envío de satélites, naves espaciales o nanosatélites. Nos bastaron 67 años para inundar de miles de fragmentos metálicos, satélites en desuso, restos de naves y cohetes la órbita terrestre, lo que se ha convertido en un problema grave de contaminación que afecta tanto a las personas como a los ecosistemas. La amenaza externa para la humanidad no son los ovnis ni los meteoritos, sino la basura espacial.

 

Video, TV e internet: una trilogía vinculada a la basura espacial

En sus inicios, la señal de TV no podía traspasar fronteras y menos continentes porque dependía de las antenas, hasta que llegó el satélite Intelsat 1, o Early Bird, para los amigos.

Para demostrar el poder del satélite, la BBC convocó al programa Our World en 1967, cuando por primera vez en la historia se transmitió en vivo y en directo la señal enviada por satélite y entregada a los televisores de 700 millones de personas de 14 países; en ella, The Beatles tocó por primera vez “All you need is love”. 

Cualquiera que haya consumido TV antes del año 2000 escuchó la frase “estamos en vivo vía satélite” en noticieros, coberturas y mundiales de futbol o Juegos Olímpicos. Desde entonces, más de 60 % de los ingresos de la industria satelital comercial radicaba en la venta de capacidad para broadcast, enlaces satelitales en vivo, transmisiones intercontinentales, distribución de señales y de canales de TV de paga.

Actualmente, por ejemplo, la satelital SES, en su reporte del primer trimestre de 2024, indicó que el video representó 46 % de sus ingresos totales, es decir, 230 millones de dólares. Esta percepción fue impulsada, principalmente, ​​por el incremento de los ingresos relacionados con deportes y eventos.

En cuanto al consumo de internet y datos, DE-CIX, el principal operador mundial de puntos de intercambio de internet (IX)¹, dio a conocer en 2023 que tan sólo esta plataforma de interconexión en línea gestionó 48 exabytes, un volumen de información equivalente al consumo de una videoconferencia que dure 5.5 millones de años.

 

Cambio de juego: la tecnología IP y la carrera por la conectividad

Con la llegada de la tecnología IP, el juego cambió para la industria satelital. Gracias a los enlaces IP y los dispositivos portátiles de transmisión, como los equipos conocidos como “mochilas”, las televisoras cada vez utilizan menos los enlaces satelitales, no sólo por el elevado costo que representan, sino por la extrema eficiencia y cada vez más baja latencia de los enlaces IP y la base de fibra óptica. Ahora, el enlace satelital es más bien un respaldo para la señal y ha cedido su protagonismo a las jóvenes promesas de la transmisión.

 

Internet para todo el planeta desde el contaminado espacio

Al mismo tiempo, la conectividad reclamó el mercado mundial, la demanda de datos se volvió infinita y el acceso a internet se convirtió en un derecho humano, lo que llevó a la tecnología satelital a modernizarse a marchas forzadas y encontrar su foco en la conectividad masiva.

De acuerdo con la Union of Concerned Scientist, a partir de la Base de Datos de Satélites, actualmente hay 7 560 satélites operativos orbitando sobre la Tierra, de los cuales aproximadamente 2 226 se dedican a las comunicaciones.

Elon Musk se ha propuesto formar una constelación de 11 627 satélites mediante su empresa de telecomunicaciones Starlink, que busca dar conectividad a cada rincón del planeta. Hasta el momento ha lanzado casi 6 000 satélites en órbita baja. En esta nueva carrera espacial por la conectividad, científicos de la Agencia Espacial Europea y de la NASA estiman que en los próximos 10 años habrá una flota de 70 000 satélites sin regulación alguna.

Pero las órbitas terrestres no son infinitas. De hecho, dicha carrera ocurre en cuatro órbitas que hoy están tan contaminadas como cualquier río en alguna zona urbana.

La órbita más perjudicada es la baja terrestre, llamada LEO. Se encuentra entre 160 y 2 000 kilómetros sobre la superficie terrestre. Es la órbita más utilizada para satélites de observación terrestre, comunicaciones y estaciones espaciales tripuladas, como la Estación Espacial Internacional (EEI). A decir de Thuy Nguyen-Onstott, director adjunto de la Oficina de Seguridad y Éxito de Misión y del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, “LEO es un depósito de chatarra espacial orbital. Hay millones de piezas de basura espacial volando en LEO. La mayoría de los desechos orbitales comprenden objetos creados por el hombre, como trozos de naves espaciales, pequeñas motas de pintura de una nave espacial, partes de cohetes, satélites que ya no funcionan o restos de explosiones de objetos en órbita que vuelan por el espacio a altas velocidades”.

Luego está la órbita media terrestre o MEO, que se utiliza principalmente para sistemas de posicionamiento global (GPS) y satélites de navegación.

En la órbita geoestacionaria o GEO se encuentran los satélites de servicios de telecomunicaciones, meteorología y observación de la Tierra.

Por último, la órbita de transferencia geoestacionaria o GTO sirve a los satélites en órbitas geoestacionarias. Los satélites en esta órbita con el tiempo se moverán hacia la órbita GEO mediante propulsión propia.

 

Peligro desde el cielo

Con los objetos lanzados desde 1957, de acuerdo con estimaciones de la Agencia Espacial Europea, el planeta está rodeado de 150 millones de fragmentos, trozos de metal, pintura y cristales volando a 25 000 kilómetros por hora, lo que los vuelve proyectiles para los satélites funcionales que no tienen protección alguna o incluso para astronautas que salen a alguna misión.

Estos cachivaches cósmicos son riesgosos también porque se les considera armas en caso de guerra. Como ejemplo, en 2007 China llevó a cabo la destrucción deliberada de la nave espacial Fengyun-1C, lo que provocó una colisión accidental de una nave espacial estadounidense y una rusa. Sólo en 2009 aumentó alrededor de 70 % la población de desechos orbitales en la órbita LEO.

Para los humanos en la Tierra y los ecosistemas, el riesgo es que se conviertan en proyectiles que puedan caer sobre nosotros, algo que según la NASA ocurrirá eventualmente.

 

Regulación y acciones: aún falta mucho por hacer

Si bien la NASA tiene su Handbook for Limiting Orbital Debris (Manual para limitar los desechos orbitales) desde 1979, es un hecho que no hay una sola regulación internacional que sancione la generación de basura espacial o que regule su tratamiento.

Heidy Mejía, gerente de Operación de Nave Espacial en Eutelsat Group, aseguró en entrevista con PRODU que es necesario buscar una solución porque la basura espacial pronto será un factor determinante y limitante para tener satélites en órbita. “Así como estamos ensuciando nuestro planeta, estamos ensuciando el espacio. Una basurita allá arriba puede causar un sinfín de estragos. Además, que un satélite se quede ahí significa que ya no se podrá posicionar otro, pues al final se reduce el campo que puede ser ocupado”, explica.

Pareciera algo lejano, pero no es ajeno. La esperanza de la conectividad universal en sitios de difícil acceso está depositada en los satélites y, desafortunadamente, los consensos sobre la basura espacial aún no llegan.

¹Lugares físicos en los que se conectan distintas redes para intercambiar tráfico de internet.

 

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